A días de las elecciones internas partidarias, Asunción vive una verdadera invasión de propaganda electoral.
Carteles gigantes, pantallas LED, murales, pasacalles y estructuras publicitarias ocupan avenidas, esquinas y fachadas estratégicas en una competencia donde la visibilidad parece haberse convertido en una de las principales armas de campaña.
Tomando como referencia la presencia observada en distintos puntos de la capital y la exposición lograda en estructuras de gran formato, uno de los nombres que encabeza actualmente el ranking de visualización es el de Sebastián “Seba” Radice, cuya imagen aparece en vallas y carteles de alto impacto distribuidos en zonas de gran circulación.
Detrás aparecen otras candidaturas con fuerte despliegue visual, entre ellas Tania Araújo, Tino Ayala, Nasser Esgaib, Gabriel Calonga, Dani Fernández y César “Ceres” Escobar, cuyos nombres también figuran en murales, pasacalles y diferentes soportes publicitarios distribuidos en varios barrios de Asunción.
Ranking de visualización callejera en Asunción (observación de cartelería)
Sebastián Radice
Tania Araújo
Tino Ayala
Nasser Esgaib
Gabriel Calonga
Dani Fernández
César “Ceres” Escobar
Más allá de quién aparece primero en cantidad de carteles, la discusión de fondo es otra: ¿cuánto dinero cuesta semejante despliegue?
Referentes del sector publicitario estiman que una campaña basada en vallas, pantallas LED, gigantografías, murales y alquiler de espacios estratégicos puede representar inversiones de decenas o incluso cientos de millones de guaraníes durante pocas semanas de campaña.
Y allí surge la pregunta que muchos ciudadanos comienzan a hacerse mientras recorren la ciudad cubierta de propaganda política:
¿Cómo se financian estas campañas?
Porque detrás de cada cartel hay un costo. Detrás de cada pantalla LED hay un alquiler. Detrás de cada mural existe una inversión que alguien paga.
La interrogante se vuelve todavía más fuerte cuando se trata de candidaturas a concejales, cargos cuyo salario difícilmente justificaría inversiones millonarias si se analizan únicamente desde una lógica financiera.
Por eso el debate ya no pasa solamente por quién tiene más carteles, sino por el origen de los recursos utilizados para sostener semejante nivel de exposición electoral.
Y la pregunta que queda instalada a una semana de las internas es simple:
¿Quién financia estas campañas? ¿Cómo se recupera una inversión de esta magnitud? ¿O se trata simplemente de una apuesta política donde el objetivo es alcanzar poder e influencia dentro de la administración municipal?
Mientras los candidatos llenan Asunción con sus rostros, el electorado también comienza a exigir respuestas sobre el costo real de una campaña que convirtió a la capital en un enorme escenario publicitario.


