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PAPA FRANCISCO: “NAVIDAD NO DEBE SER FIESTA MUNDANA”

Celebrar con auténtica fe la Navidad es la invitación del papa Francisco en la homilía de la misa de hoy, miércoles 12 de diciembre, en la Casa Santa Marta del Vaticano, en la que comenta el episodio del evangelio de Lucas que narra la curación de un paralítico.

Es el punto de partida para reafirmar que la fe infunde valor y es el camino para tocar el corazón de Jesús.

Hemos pedido la fe en el misterio de Dios hecho hombre. La fe también hoy, en el Evangelio, hace ver cómo toca el corazón del Señor. El Señor muchas veces vuelve a la catequesis sobre la fe, insiste.

“Viendo su fe”, dice el Evangelio. Jesús vio esa fe – porque hace falta valor, para hacer un agujero en el techo y hacer bajar una camilla con el enfermo por allí… hace falta valor. Ese valor, ¡esta gente tenía fe! Sabían que si el enfermo llegaba delante de Jesús  se curaría.

La Navidad no se celebra mundanalmente

Francisco recuerda que “Jesús admira la fe en la gente” como en el caso del centurión, que pide la curación de su siervo; de la mujer siro-fenicia que intercede por la hija poseída por el demonio, o también de la señora que, sólo tocando el borde del manto de Jesús, se cura de las pérdidas de sangre que la afligían.

Pero “Jesús – añade el Papa – riñe a la gente de poca fe” como Pedro, que duda. “Con la fe –prosigue-  todo es posible”.

Hoy pedimos esta gracia: en esta segunda semana de Adviento, prepararnos con fe a celebrar la Navidad.

Es verdad que la Navidad –lo sabemos todos– muchas veces no se celebra con mucha fe, se celebra también de forma mundana o pagana; pero el Señor nos pide que lo hagamos con fe, y nosotros, en esta semana, debemos pedir esta gracia: poder celebrarla con fe. No es fácil custodiar la fe, no es fácil defender la fe: no es fácil.

Con el corazón el acto de fe

Emblemático para el Papa es el episodio de la curación del ciego en el capítulo IX de Juan, su acto de fe ante Jesús que le reconoce como el Mesías. De ahí la exhortación de Francisco a confiar a Dios nuestra fe, defendiéndola de las tentaciones del mundo.

Nos hará bien hoy, y también mañana, durante la semana, tomar este capítulo IX de Juan y leer esta historia tan bella, del joven ciego de nacimiento.

Y acabar desde nuestro corazón con el acto de fe: “Creo, Señor. Ayuda a mi poca fe. Defiende mi fe de la mundanalidad, de las supersticiones, de las cosas que no son fe. Defiéndela de reducirla a teorías, sean teologizasteis o moralizantes… no. Fe en Ti, Señor”.

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